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Interés General
Hacia donde va nuestra juventud
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Miércoles, 9 de julio de 2008

Por Zapukay
Hace poco menos de una semana poníamos una nota de opinión de Martín Caparros, “La Artruchina” (Argentina trucha), en la que el periodista reflexionaba sobre el caso de un alumno que agredía a su maestra en el aula y que fuera filmado con un teléfono celular, video que tomó estado público y que derivó en la expulsión del alumno agresor.


Por Zapukay
Hace poco menos de una semana poníamos una nota de opinión de Martín Caparros, “La Artruchina” (Argentina trucha), en la que el periodista reflexionaba sobre el caso de un alumno que agredía a su maestra en el aula y que fuera filmado con un teléfono celular, video que tomó estado público y que derivó en la expulsión del alumno agresor.
Este tipo de actitudes en los jóvenes es llamativamente repetitiva, en el día de ayer se vio otro video en el que alumnos prendían fuego el cabello de una maestra, las agresiones de alumnos a los maestros es permanente y de alumnos entre ellos es a diario, llegando al colmo de organizar peleas para filmarlas y levantarlas a Internet, como en un concurso para ver cual es el mejor video, un hecho a destacar es que en la mayoría de los casos participan alumnas, y las agresiones entre ellas llegan hasta intentos de homicidio, por que cortarle la cara a una “compañera” con una trincheta puede derivar en un hecho de una gravedad impensada, todo ello sin motivo valedero aparente.
Estas situaciones se dan a lo largo y ancho del país, la falta de respeto de los alumnos hacia profesores y autoridades escolares es una constante, también lo es la pasividad con que dichas autoridades toleran los mismos, muchas veces se dice que los educadores solamente quieren terminar las clases e irse, que no se quieren enfrentar con los padres, y esta es otra parte del problema, que tienen temor a agresiones; todas estas argumentaciones llevan a pensar en la despreocupación por la educación de parte de los educadores y la falta de normas claras de convivencia que se hagan cumplir.
Al hablar de la otra parte del problema lo estamos haciendo de los padres que evidentemente no cumplen con su rol de educadores primarios, sino no se puede entender tanta violencia en la juventud, es algo inentendible, para quien escribe, por ejemplo que un padre no se preocupe por su hija de 14 o 15 años que llegue a las 8 de la mañana en un estado deplorable, muchas veces alcoholizada, no hablemos de los muchachos, y esa situación sigue sin que se revierta. Quienes salimos temprano los fines de semana vemos preocupados la cantidad de jóvenes, todavía bebiendo, a las 8 o 9 hs., y nos preguntamos que deben pensar los padres de los mismos al verlos llegar a sus casas, y no hay respuesta, solo vergüenza ajena.
Esta falta de control en la familia hace que sin dudas esos mismos padres salgan a defender y justificar a sus hijos contra sus maestros, y ello hace que desde las autoridades educativas se trate siempre de evitar confrontar con los padres, confrontación esta que muchas veces llegó a los estrados judiciales, y es en esa falta de límites, que no imponen los padres, y la justificación de actos reñidos con el sentido común, que hace que los jóvenes se sientan con el derecho a hacer lo que quieran, tanto en la calle como en la escuela. A raíz de esta situación muchas veces las escuelas parecen ser más lugares donde depositar a los jóvenes para que los docentes se hagan cargo.
Todos los días, sin excepción, vemos en los noticieros, hablar de la violencia en las escuelas, niñas con las caras cortadas, alumnos armados, peleas entre niñas, amenazas, hasta muertes, en nuestra provincia se dio el año pasado cuando un niño mató a su compañero por que este se burlaba, y el problema sigue sin que se le encuentre una salida.
La falta absoluta de ejemplos a seguir, el comodismo, la indiferencia hasta con nuestros propios hijos, el hecho de ver que se violen las normas en forma permanente y que las autoridades las acepten como algo normal, cuando se percibe que para la justicia hay hijos y entenados, cuando quienes tienen que dar ejemplos no lo hacen, tiene que ver sin duda alguna con que los jóvenes se vean es esos espejos y traten de imitarlos, lamentablemente entendiendo que solo tienen derechos y no obligaciones.
Lo más preocupante de esta situación es que se está dilapidando ese futuro que son nuestros hijos, por el solo hecho de no comprometernos con su educación y formación, y debemos recordar en este punto el famoso “no te metás”, frase que derivó en mantener un manto de silencio cuando gran parte de ese futuro de los años 70 dejaba de existir. No es la misma situación histórica, seguramente no habrán desaparecidos, pero de seguir por este camino lo que desaparecerá será la intelectualidad y así se compromete también el futuro.


Miércoles, 9 de julio de 2008

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