Lunes, 9 de Marzo de 2026
  
09/03/2026 13:30:15
Política 8M
El movimiento transfeminista autoconvocado se movilizó por el 8 M
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Lunes, 9 de marzo de 2026

Paso de los Libres (9-3-26): Fue durante la tarde de ayer, en una marcha que comenzó en la Costanera y se trasladó hasta la plaza Independencia. Las consignas fueron múltiples: desde el repudio por los “recientes femicidios”, en “contra del abuso sexual en la infancia”, hasta el “rechazo a la reforma laboral y la baja de la edad imputabilidad”. Se sumaron varias agrupaciones sociales. El colectivo transfeminista autoconvocado, emitió un documento.

Ayer domingo 8 de marzo, en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, el movimiento transfeminista autoconvocado realizó una nutrida marcha para conmemorar la fecha.

El inicio de la manifestación, fue a las 19 hs, desde la costanera, hasta la plaza Independencia, donde se realizó una representación artística, evocando la conmemoración.

Además del colectivo antes mencionado, participaron otras organizaciones sociales y barriales, entre ellas, la Asociación por la Memoria, Verdad y Justicia. También estuvieron presentes, la Senadora provincial, Celeste Ascúa (PJ), y la concejal, Daiana Baldi (PJ).

Las consignas de la convocatoria, fueron múltiples pero la principal fue “La lucha continua más que nunca”. Se manifestaron por el repudio a los “recientes femicidios”, en “contra del abuso sexual en la infancia”, hasta el “rechazo a la reforma laboral y la baja de la edad imputabilidad”, impulsado por el gobierno nacional. En la oportunidad también se solicitó al ejecutivo municipal, una urgente revisión por el Boleto Estudiantil y la eliminación del requisito de 25 cuadras mínimas para acceder al beneficio.

Por otra parte, el movimiento transfeminista autoconvocado, emitió un documento, que se leyó ante los presentes:

“Hoy volvemos a encontrarnos en las calles.
Volvemos a reconocernos en esta marea que crece, que abraza, que incomoda y que transforma.

El 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, no es una fecha comercial ni un saludo vacío. Es memoria viva de mujeres obreras que pusieron el cuerpo y la vida para conquistar derechos laborales que hoy parecen naturales, pero que nacieron de la organización y de la lucha. Nada de lo que hoy tenemos fue un regalo. Todo fue conquista colectiva.

Marchamos porque esa historia nos trajo hasta acá.
Y porque sabemos que lo conquistado no está garantizado para siempre.

Marchamos porque cada nombre que falta es una ausencia que grita. Porque cada mujer asesinada es un fracaso colectivo. ¿Hasta cuándo vamos a naturalizar que la violencia escale hasta la muerte?

En la argentina muere una mujer cada 33 horas, llevamos 44 casos de femicidios en lo que va del año. Esto no puede ser normal.
Marchamos contra el abuso sexual en las infancias. Porque la infancia se protege. Porque romper el silencio es una forma de justicia. Porque creemos en la potencia de transformar el dolor en palabra, en red, en organización. ¿Estamos dispuestos como comunidad a escuchar cuando una niña o un niño habla? ¿O seguimos dudando primero de quien denuncia y no de quien violenta?

Marchamos por los comedores populares que hace más de tres meses no reciben partidas de alimentos en medio de una crisis económica y alimentaria brutal. En nuestros barrios el hambre no es un número: es una urgencia cotidiana. Son, en su mayoría, mujeres quienes sostienen esas ollas con trabajo no pago, con tiempo robado al descanso, con organización comunitaria. ¿Qué sociedad somos si dejamos caer los espacios que garantizan un plato de comida? ¿A quién se ajusta cuando se recorta la comida?

Marchamos por el acceso real a la justicia para todes,
independientemente de la clase social. Sabemos que los casos aumentan. Sabemos que los juzgados están desbordados. Pero una causa que duerme en un escritorio puede convertirse en una muerte anunciada. La justicia que tarda no es neutral: es injusta. ¿Quién puede esperar cuando lo que está en juego es la vida?

Marchamos por las docentes y por un salario digno, porque educar no puede ser sinónimo de precarización. Porque el aula también es un territorio de cuidado y de construcción de futuro.

Marchamos por nuestras jubiladas que cobran la mínima y no les alcanza para vivir. Y por quienes trabajaron toda su vida y ni siquiera podrán jubilarse. ¿De qué sirve trabajar décadas si la vejez queda condenada a la pobreza?

Marchamos frente a los recortes en discapacidad. Porque acompañar no es un gasto: es un derecho. Porque cuando se ajusta sobre quienes más necesitan apoyo, lo que se profundiza es la desigualdad.

Marchamos por la defensa de la Ley de Glaciares, por el agua y por los bienes comunes. Sin agua no hay vida. Sin territorio no hay comunidad. ¿Quién decide qué vale más: la vida o el negocio?
Marchamos por nuestras niñeces y adolescencias. Frente a la propuesta de bajar la edad de imputabilidad decimos con claridad: no se puede castigar como adultos a quienes el propio sistema abandonó como niñeces. Si no garantizamos alimentación, educación, salud mental, espacios culturales y deportivos, ¿con qué autoridad moral pretendemos condenar?El punitivismo en la infancia y adolescencia NO ES LA SALIDA

Defendemos la educación pública y la Educación Sexual Integral como herramientas fundamentales de prevención, de cuidado y de construcción de vínculos más sanos. La ESI no es un privilegio ni una ideología: es un derecho que protege a las infancias, que les da herramientas para nombrar lo que les pasa, para reconocer situaciones de violencia y para construir relaciones basadas en el respeto. Cuando se recortan o se atacan estas políticas, no se protege a la infancia: se la deja más vulnerable.

Exigimos acceso al boleto estudiantil sin restricciones, porque acompañar una infancia también es garantizar que pueda llegar a la escuela. Porque el derecho a estudiar no puede depender del bolsillo de una familia.

Y también decimos algo más: cuando uno de nuestros gurises cae en las calles o en las drogas, no es solo una historia individual. Es el resultado de un entramado social que falló. Y muchas veces la carga recae sobre madres que hacen lo imposible, explotadas y precarizadas, sosteniendo la vida en condiciones adversas.

Marchamos frente a una reforma laboral que amenaza con profundizar la precarización. Porque sabemos que los modelos económicos basados en el ajuste, la flexibilización y el recorte de derechos siempre golpean primero a quienes sostienen la vida. Y somos nosotras quienes, además de trabajar, criamos, cuidamos, limpiamos, cocinamos, acompañamos, sostenemos redes. La economía cotidiana funciona gracias a ese trabajo invisible que no se paga, no se contabiliza y casi nunca se reconoce. ¿Quién protege ese trabajo? ¿Quién lo valora? ¿Quién lo garantiza?

Marchamos también frente al desmantelamiento de políticas públicas que durante años fueron herramientas de acompañamiento para prevenir violencias, sostener comunidades y garantizar derechos.
Cuando el Estado se retira de esos territorios, lo que queda es más soledad, más desigualdad y más violencia.

Marchamos en contra de las políticas de hambre que trasladan el peso de las crisis a los sectores populares. Porque el hambre no es inevitable: es una decisión política. Y cuando se recortan alimentos, salarios, jubilaciones y derechos, lo que se está decidiendo es quién puede vivir con dignidad y quién no.

Marchamos también frente a un mundo cada vez más atravesado por discursos de guerra y posiciones militarizadas. Rechazamos la lógica de los conflictos armados y la subordinación a intereses geopolíticos que solo traen muerte y destrucción. Las guerras nunca son la salida.
Y quienes terminan atravesados por esas decisiones son siempre los pueblos, son siempre las familias, son siempre nuestros hijos e hijas.

Frente a ese panorama nos preguntamos como comunidad: ¿qué sociedad queremos ser? ¿Una que se acostumbra a la desigualdad, al ajuste y a la violencia? ¿O una que decide cuidar la vida, proteger la infancia, sostener a sus mayores y garantizar derechos?

Por eso hoy exigimos políticas públicas con presupuesto real.
Exigimos justicia accesible y con perspectiva social. Exigimos alimentos para los comedores. Exigimos salarios y jubilaciones dignas. Exigimos derechos laborales que contemplen las tareas de cuidado. Exigimos protección de nuestros bienes comunes. Exigimos que la infancia sea acompañada y no criminalizada.
Exigimos, en definitiva, que la vida valga más que el ajuste.

Hoy vamos a recorrer estas calles donde quizás haya quienes no entienden esta lucha. Que nos escuchen. Que se incomoden. Que se pregunten.

¿Qué pasaría si en vez de pensar que esta lucha es de otras personas, entendieran que habla de la vida que compartimos? ¿Qué tipo de comunidad queremos construir?

Marchamos porque amamos esta marea. Porque en ella no tenemos que pedir permiso para existir. Porque cuando caminamos juntas sabemos que somos más fuertes.

Que este 8 de marzo no sea solo una fecha. Que sea memoria. Que sea pregunta. Que sea conciencia. Que sea compromiso.
Y que cuando volvamos a nuestras casas, no volvamos iguales”.


Por Ignacio Villanueva


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