Bs. As. (23-3-26): En el que sería el cumpleaños 96 de una de las Madres más queridas, artistas, periodistas y militantes se reunieron para homenajearla, proyectar un centro cultural en lo que fue su casa de Castelar y convocar a una nueva movilización a Plaza de Mayo con todos lo organismos.
Por Melisa Molina
“No tengo miedo al invierno/ con tu recuerdo lleno de sol”, canta Juan Quintero en un jardín repleto de flores. Está en Castelar, en el patio de la casa --ahora devenida museo--, de Nora Cortiñas. Es un día especial: la Madre de Plaza de Mayo cumpliría 96 años y faltan dos días para el aniversario número 50 del golpe de Estado. La cercanía con la fecha provoca entre los que se reunieron para homenajearla que se multiplique no sólo el recuerdo de “su sonrisa y su alegría por la vida” --como dirá Adolfo Pérez Esquivel-- sino también el ejemplo de su militancia incansable. El pedido de justicia por los 30 mil --“¡presentes!“-- y la convocatoria a marchar y a desbordar la plaza este martes, junto a los organismos de derechos humanos, se impone en la ronda como un grito común.
El contexto es adverso para quienes comparten sus luchas: gobierna la Argentina un presidente que, entre otras cosas, no condena el accionar de los genocidas. Sin embargo, este domingo la casa de Norita se convirtió en un espacio de tertulia. Debajo del sol, la rabia y la tristeza se transforman, de a poco, en alegría.
Sobre la calle cortada las chicas del Norita Fútbol Club juegan a la pelota. En la vereda otro grupo de mujeres “bordan historias”; en el zaguán que conecta la entrada con el patio de la casa, nenes sentados en el suelo pintan pañuelos; y en el corazón del hogar se arma un escenario improvisado. En el jardín, en ronda, todos los que la amaron dedican la mañana a honrar su memoria.
Están Pérez Esquivel, el abogado Pablo LLonto, las legisladoras Mónica Macha, Vanina Biassi, la exlegisladora Victoria Montenegro y la eurodiputada Miranda Paz. También se sentaron en la ronda los escritores Martín Kohan y María Pía López y militantes sociales como Nacho Levy, Sergio Maldonado y Dora Barrancos. En otro sector están los actores Raúl Rizzo, Luis Rivera López y Osmar Núñez.
Los periodistas Nora Veiras, Alejandro Bercovich --quien condujo el acto--, Raquel Robles y Marta Dillon ofrecen unas palabras y, al final, van a cantar Lula Bertoldi, Quintero y el profesor de canto de Norita.
Entre todos ellos escuchan trabajadores despedidos de Fate y Lourdes Hidalgo, sobreviviente del incendio del taller Luis Viale. Sergio Maldonado y el presidente de ARGRA, Sebastián Vricella. Sus compañeros de lucha de los organismos de DDHH, y sus amigos de otros países como Sarah Schoellkopf, de Estados Unidos, y el Director Fundación Rosa Luxemburgo Cono Sur, Torge LÖding.
Pérez Esquivel destaca “su sonrisa y su alegría por la vida”, y subraya que eso “era no claudicar frente a las injusticias”. Reflexiona: “El Tata Dios la llamó al frente y le dijo: ‘ayúdame un poco ante este mundo que está tan jodido’. En este momento de tanto oscurantismo hay que seguir andando”.
“A dos días de los 50 años, podemos decir que el gran hecho de resistencia frente al golpe fue la aparición de las Madres”, opina la escritora María Pía López y continúa: “Ahí la historia argentina se parte en dos, con la aparición de estas mujeres militantes que salieron a hacer algo que estaba prescripto por los mandatos sexogenéricos, que era cuidar a sus hijos. Sin embargo, lo hacen politizando y socializando la maternidad de un modo que implica refundar las formas mismas de la política”.
Para ella, en ese marco, Norita fue una figura muy particular porque fue en esa madre que se fueron tejiendo todas las luchas. “Para Nora y para Hebe la justicia nunca fue una cuestión de recordar el pasado. Siempre fue pensar de qué modo la justicia se actualizaba en el presente”, analiza.
Pañuelos con la consigna de Nunca Más, la bandera de Palestina al lado de la bandera LGTBIQ+, pines que dicen “paremos la deuda” y otro “el hambre es un crimen”. Pero también una escarapela, posavasos y almohadones tejidos a crochet, cajitas de todos los tamaños y muñecas en medio de imágenes de latinoamérica con la consigna: “El agua para los pueblos”.
La colección la completan mates de Boca Jr, abanicos de mimbre, imágenes de Mercedes Sosa y, pegada en la puerta de adentro del placard, una cartita de su nieto que dice: “Para la madre más grande grande del mundo aunque, a la vez, la más chiquita. Feliz día. Te quiero mucho”.
Homenaje a Nortia Cortiñas en su casa de Castelar, donde habrá un Centro Cultural por la Memoria. (Cobertura colaborativa Casa Museo y Centro Cultural Norita Cortiñas Y fundación Rosa Luxemburgo)
Esa mezcla aleatoria, desordenada, de la ternura de una abuela y de la fortaleza de una luchadora de todas las causas justas, es lo que mejor define a Nora. Es, de hecho, lo que todos los que están en su patio este domingo intentan recuperar con distintas anécdotas.
Graciela Daleo, socióloga y sobreviviente de la ESMA, opina que “Norita es lo más parecido a Dios que conocí porque tenía la capacidad de estar en todas partes”. La recuerda “pululando por el centro hasta cualquier hora, pero siempre volviendo a Castelar”.
Ana María Careaga, psicoanalista y sobreviviente del centro clandestino Club Atlético, recuerda una anécdota vinculada al baile. Dice que a Nora le gustaba la Delio Valdez y que, cuando ya estaba mal de salud, quería ir a verlos al Luna Park. El médico no la dejó, entonces ella se resistió y terminaron yendo juntos.
Careaga reflexiona sobre lo mal que le hizo a Nora la pandemia por no poder salir a la calle, su segunda casa. Y rememora que un día, durante 2021, la llevaron a dar una vuelta porque quería ver la cancha de Boca, su equipo. Después pasaron por Plaza de Mayo y ella, con su barbijo puesto, pidió hacer una ronda alrededor de la pirámide. “Ese día era el aniversario del día que me habían dejado en libertad en el Atlético y ninguna de las dos nos habíamos acordado”, se emociona.
En las paredes de lo que se inaugurará como museo --estiman que en 2027-- hay fotos de ella durante la campaña por la libertad de Romina Tejerina; otra con el pañuelo blanco en la cabeza, el verde en la muñeca y una foto de Santiago Maldonado colgando del cuello.
Hay otra foto en la que se la ve chiquita y con un gorro de papá Noel. Está rodeada por unos 30 chicos en la villa y todos están gritando.
“Esto le hubiera encantado: este murmullo de gente luchando y riéndose al mismo tiempo. Miren lo que es este cumpleaños y no está, imaginen lo que era cuando estaba”, dice Nacho Levy, de la Garganta Poderosa. Y se queja por ser “el más jóven”. “Estamos jodidos si yo soy el más jóven, compañeros. Hay un desafío: Para que esta casa no se convierta en pasado, tienen que venir acá los pibes y las pibas de los barrios”, alienta.
Homenaje a Norita Cortiñas en su casa de Castelar, donde habrá un Centro Cultural por la Memoria. (Cobertura colaborativa Casa Museo y Centro Cultural Norita Cortiñas Y fundación Rosa Luxemburgo)
Cuenta que cuando lanzaron la revista por primera vez los golpeó la policía bonaerense y Norita los fue a defender. También que todos los primero de mes les llegaba una transferencia de Nora, que era parte de su jubilación. “Era parte importante de nuestro financiamiento y la única condición era que ustedes nunca lo vieran. Donde esté me estará puteando”, dice entre risas y lágrimas.
Recuerda que en una fiesta bailó con Nora un lento y que lo atesora “como uno de los momentos más románticos de mi vida”. Cuenta que Norita, en ese momento, le dijo al oído: “Es la primera vez que no estamos rodeados de policías”.
Una de las estrategias que Nora diseñó en 2021 para superar la angustia que le generaba no poder salir a la calle, fue aprender canto. Algo que siempre quiso hacer y nunca pudo. Su vecino era profesor y empezó a ir los miércoles a su casa. Si era de mañana, ella le hacía un té. Si iba por la tarde, tomaban cerveza.
“Estaba mal de ánimo y me dijo que toda la vida quiso cantar. Entonces empezamos con trabajos de relajación y respiración. Después dejamos de hacerlos porque se dormía”, relata el docente. Ella elegía las canciones, pero les hacía intervenciones cuando no acordaba ideológicamente con las letras.
Por ejemplo, se acuerda el profesor, había una canción que decía que el olvido era “ancho y negro”. Ella lo cambió por “ancho y basto”. No quería que la palabra “negro” tenga una connotación negativa. Otra letra hablaba de un arriero chileno que tenía una novia de cada lado de la cordillera, y ella la cambió para que de un lado tenga un novio y del otro una mujer. “En la versión de Nora el tipo se convertía en diverso cuando cruzaba la cordillera”, se ríe el profesor.
Esa es otra característica que muchos destacan de Norita: su espíritu jovial. La periodista Marta Dillon se acuerda de ver a Nora en los encuentros de Mujeres. Relata que Cortiñas entró a un taller en el que estaban hablando del clítoris y de los orgasmos y que ella le dijo: ‘me parece que para escuchar esto es mejor estar sin pañuelo’. Otra de sus compañeras, añade: “cada vez que se sacaba una foto, en lugar de Whisky, decía: ‘Clítoris’”.
Carlos “Gandhi” González, de Página12, relata que Nora siempre se hacía tiempo para ir a ver obras de teatro y armar planes los fines de semana. Nora Veiras, directora del diario, habla de la capacidad de cuidar y de luchar que caracterizaba a Cortiñas y agrega: “Ese cuidado nos convoca y nos conmueve. Es momento de amucharnos y, ante tanto odio, valorar lo construido durante este medio siglo. Por suerte nada es para siempre y esta desgracia que vivimos tampoco”.
Marcelo, uno de sus hijos, admite que además de su madre, Nora fue la madre de todos. Quiere que su casa “sea abierta a la diversidad, porque ella estuvo en todas las batallas”. De hecho, va a funcionar como Casa Museo y Centro Cultural Norita Cortiñas. Pide por Palestina y por Cuba, “dos pueblos de los que ella más quería y que hoy son los que más están sufriendo”.
También señala que su madre siempre decía que el día de su cumpleaños era el día del agua y que, en este contexto, esa lucha es central.
Llonto cuenta que en unos meses un testimonio que Nora dejó grabado servirá en un juicio de lesa humanidad en Mar del Plata, “por los restos de compañeros hallados en la costa en el 77 y 78″, y en ese momento, una mariposa comienza a volar entre las flores y entre todos los que hablan de ella.
Raquel Robles, de HIJOS, señala: “Es muy difícil transitar este momento histórico sin ella, pero en nuestro país sabemos bien cómo es caminar y conversar con los fantasmas. Nora tuvo una coherencia tremenda y nos enseñó que no hay que negociar lo que una es para que la quieran. Ojalá que el fantasma de ella nos siga ayudando siempre”.
Lunes, 23 de marzo de 2026