Sábado, 25 de Julio de 2026
  
25/07/2026 11:21:04
Política Internacional
La campaña anti Brasil del bolsonarismo y el giro en la estrategia del partido de Lula
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Sábado, 25 de julio de 2026

Brasilia (25-7-26): Entre las gestiones en Washington de la oposición bolsonarista y las crecientes presiones arancelarias de la Casa Blanca, Lula da Silva dejó atrás la diplomacia de contención. Ante un escenario de abierta injerencia electoral, el PT reconfigura su estrategia y apuesta a un discurso de soberanía nacionalista para blindarse de cara a las urnas.

Por Dacil Lanza

El Palacio de Planalto ya rechazó los nuevos aranceles y dijo que va a iniciar los trámites para invocar la Ley de Reciprocidad.
No se entiende cómo Luiz Inácio "Lula" da Silva podría tener alguna duda respecto a los planes de Donald Trump para las elecciones de octubre en Brasil. El jueves, el periodista Diego Genoud comentó que el presidente brasileño hace unos meses habló con un importante dirigente peronista, a quien le preguntó: “¿Vos pensás que Trump se va a animar a hacer lo mismo en Brasil que hizo en Argentina?”. Traducción: ¿intervendrá abiertamente en los comicios a favor del candidato de su simpatía? Cualquiera que haya sido el interlocutor, es presumible pensar que su respuesta debió ser: “Sí, siguiente pregunta”. ¿Por qué sería diferente la estrategia de Washington para lo que sigue llamando su “patio trasero”?

Y más allá de la anécdota, cuando Lula fue recibido en Washington en mayo, el petista parecía mantener la esperanza de que la respuesta fuera otra, que Trump aún podría hacer algo distinto a lo que hizo en Argentina, pero también en Colombia, Honduras, Chile. Así fue que apeló a una suerte de estrategia de contención. En una conferencia de prensa que dio en la embajada de Brasil en Washington, Lula se mostró sensato y didáctico, dando detalles punto por punto —desde aranceles hasta la posible designación de grupos criminales brasileños como terroristas— de la conversación con su par estadounidense y lo aparentemente razonable que había sido.

Pero solo días después de aquel encuentro quedó en evidencia que Trump solo estaba tomando tiempo. Y ahora, después de una foto, unos aranceles y una designación de terrorismo, Lula parece haber espabilado y pasó de su estrategia de diálogo con la Casa Blanca a otra de abierta confrontación contra la potencia extranjera.

La oposición en Brasil tiene una estrategia clara y sin ambages que consiste básicamente en ir a Washington buscando respaldo e injerencia contra Lula, aún a costa de perjudicar la economía local. Esto fue lo que se vio cuando el senador y precandidato presidencial Flavio Bolsonaro fue recibido de manera oficial en EE. UU., donde se encontró con figuras clave de la administración, como el secretario de Estado Marco Rubio, y fue recibido directamente por Trump en la Oficina Oval de la Casa Blanca. Solo hubo fotos, pero el líder MAGA elogió públicamente al hijo del ex presidente Jair Bolsonaro, calificándolo de un "joven inteligente que ama a su país". Así como la injerencia abierta en las elecciones ya es parte del “estilo” Trump, sumó otro rasgo propio: un presidente de Estados Unidos recibió de manera formal a un precandidato sudamericano en plena campaña. Una vez más, la familia Bolsonaro recibía un espaldarazo. El último de los más significativos fue cuando el año pasado impuso aranceles de hasta 50% para productos del gigante sudamericano por una supuesta “caza de brujas” judicial contra Jair Bolsonaro, su antiguo aliado que luego terminaría condenado a más de 27 años de cárcel por intento de golpe de Estado, entre otros cargos.

Y a pesar de que Flávio Bolsonaro le mandó una carta al gobierno de Trump en la que pidió frenar o aplazar la imposición de sanciones comerciales y aranceles a su país, argumentando que dichas medidas perjudican a la oposición y terminan fortaleciendo la popularidad y la campaña de Lula, Washington no le hizo caso y esta semana la Casa Blanca volvió a su estrategia de cazar pájaros con balas de cañones: el miércoles activó un arancel del 25% contra una amplia gama de productos que importa desde Brasil, amparándose en la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974 y tras una investigación de un año sobre lo que la administración estadounidense califica como prácticas comerciales desleales. Washington concluyó, basándose en esa ley, que Brasil adopta prácticas que "cargan o restringen" el comercio con el país y, entre los ejemplos citados, se encuentran PIX -el sistema de pago digital brasileño- y la regulación de las plataformas digitales. Y el jueves, anunció nuevas tarifas para varias decenas de países por lo que la Casa Blanca estima que es falta de supervisión de importaciones de insumos con trabajo forzoso. A Brasil le tocó un arancel del 12,5%.

Las nuevas tarifas impactan de forma directa a industrias clave del aparato productivo brasileño, tales como la maquinaria agrícola, la madera procesada, el etanol, el papel, la confección y el calzado. Este último tiene a Estados Unidos como su principal mercado de destino y, ante la entrada en vigor de la medida, el sector industrial zapatero ya ajustó a la baja sus previsiones de exportación, proyectando una contracción que pasó del 3,6% previsto a una caída del 7,1%. La gravedad del escenario para Brasil no va a estar solo en la barrera arancelaria, sino en la baja flexibilidad de los bienes que exporta. Los especialistas en Brasil describen que parte de sus exportaciones no son estandarizadas, sino especializadas, y eso dificulta su desvío rápido o automático hacia otros socios comerciales en el mercado internacional. Los efectos sobre el trabajo, así como problemas financieros para las empresas, están en el horizonte en pleno año electoral.

Aun cuando Estados Unidos mantiene un superávit en la balanza comercial bilateral, avanzó con esta decisión, lo que evidencia que la medida tiene más de disputa política. Y la reactivación de estas barreras comerciales con el sello de Trump se produce justo cuando terminan los aranceles provisorios que impuso por 150 días después de que la Corte Suprema le volteara en febrero los que había impuesto “el día de la liberación” en abril del año pasado. Para especialistas consultados por el Financial Times, la apelación a la Ley de Comercio “tenía como objetivo dotar al muro arancelario de Trump de una base legal más sólida, con 60 directivas distintas dirigidas a cada socio comercial. Esto demuestra cómo Washington está encontrando nuevas maneras de mantener la política comercial estrella de Trump”, incluso después del revés judicial que determinó que eran ilegales.

Para no perjudicar de manera frontal los precios de la economía estadounidense ni desabastecer su mercado interno, también en año electoral en EE. UU., la administración republicana eximió del gravamen del 25% a varios productos de importación clave; carne, café, aeronaves y los componentes aeronáuticos. Aun con estas salvaguardas parciales, los analistas coinciden en que la volatilidad y la incertidumbre regulatoria generan cierto caos a más largo plazo. Según datos de la Confederación Nacional de Industria (CNI), los vaivenes de las sobretasas y las presiones comerciales ya redujeron -antes de los anuncios de esta semana- las exportaciones brasileñas hacia Estados Unidos en un 13% desde 2025. Y esto podría ser solo el comienzo.

Al apoyo explícito de Trump a Bolsonaro, con la foto en la Casa Blanca, y los nuevos aranceles en contra de Brasil se sumó la designación de Comando Vermelho (CV) y el Primeiro Comando da Capital (PCC), dos organizaciones criminales con base fuerte en Río de Janeiro y San Pablo, como organizaciones terroristas por parte de Washington y que podría ser usada para “justificar” injerencias militares contra Brasilia.

El giro de Lula, de la contención a la estrategia de “Patria o muerte”
Cualquiera que plantee que la estrategia de Lula fue ingenua hacia Washington está subestimando al ya tres veces presidente brasileño, que sigue siendo competitivo de cara a una cuarta potencial elección. Pero el petista podrá decir que intentó y probó una estrategia de contención ante Trump y ahora, cuando este ya bombardeó cualquier puente con Brasilia, el ex líder sindical opta por una narrativa de resistencia, soberanía y "Patria o muerte".

El Palacio de Planalto ya rechazó los nuevos aranceles y dijo que va a iniciar los trámites para invocar la Ley de Reciprocidad. El país también anunció que va a someter los casos al mecanismo de solución de controversias de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Pero lo más importante es que este retazo de política de Trump ya fue cocido dentro de la narrativa del Gobierno de Lula que una vez más habló de los “traidores” que fueron a pedir sanciones contra Brasil a Washington.

Esta semana, Lula provocó también a la Casa Blanca. "Invito a cualquier persona de todo el mundo que desee venir a observar las elecciones aquí en Brasil. Cualquiera que quiera hacerlo es bienvenido a venir y seguir el proceso. Si el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, quiere venir a apoyar a mi adversario, que venga y monte un comité de campaña. Porque los derrotaremos a todos en nombre de la defensa de la democracia en este país", dijo el presidente y en días del reverdecer de los nacionalismos antiimperialistas que dejó la resaca del mundial, Lula defendió la soberanía brasileña, siguiendo una línea retórica recurrente en sus discurso: "Cometemos nuestros propios errores y aciertos, y nadie nos dice qué hacer; nosotros decidimos qué hacer". Ya en junio Lula había dicho que Rubio era un “enemigo mortal” de ciertos países latinoamericanos.

Antes del anuncio de los aranceles estadounidenses aplicados esta semana, el secretario de Estado de Trump dijo en su cuenta de X que esas medidas se impusieron porque Lula "priorizó su propio ego sobre un acuerdo para el bienestar del pueblo brasileño" y porque el gobierno de Brasil no había negociado de "buena fe" y previamente Rubio había calificado al país sudamericano como una "excepción" en una América Latina que está llena de aliados de Trump.

Ahora la confrontación ya no tiene eufemismos y pasó a ser abierta contra la injerencia de Washington, culpabilizando a Flavio Bolsonaro de abrirles la puerta en un momento en que el hijo del expresidente de ultraderecha se desinfla parcialmente en las encuestas.


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