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Política
La Justicia correntina implacable con quienes usan discrecionalmente fondos para los pobres
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Martes, 24 de junio de 2008

La noticia que disparó Daniel Caram sacudió con fuerza el procesamiento de Salvador González Nadal poniendo de nuevo sobre el tapete el funcionamiento de los planes sociales como caja política a expensas de inescrupulosos que no reniegan en hacer uso discrecional de ellos aunque su destino originario sea el de la ayuda a los que menos tienen.

Corrientes tiene historia en eso, pero también presente. Además del subsecretario de Desarrollo Humano, otra investigación -quizás no tan ágil como esta- mantiene en vilo al secretario de Salud de la Municipalidad de Corrientes, Angel Valmaggia.

Los fondos del Plan Nacer, se desaparecieron de su oficina, bajo la irresponsable e imperdonable figura de los cheques firmados en blanco por el funcionario, según él mismo reconoció.

La pretendida ingenuidad de ese comentario resulta una afrenta cuando se analiza cuál era el destino de esos dineros.

La Justicia tiene los elementos como para profundizar este caso. El hurto denunciado por el funcionario de Carlos Vignolo, en las presuntas condiciones en que se sucedieron, hubieran bastado para pedirle la renuncia y no seguir sosteniendo en el cargo, con su costo correspondiente, a quien prácticamente le está tomando el pelo a toda la capital. A menos, que el problema suba y no baje.

El manejo de loas fondos sociales reclama a gritos un nuevo mecanismo de control, aunque es cierto, el caso de González Nadal, pudo llegar a esta instancia por el funcionamiento del Tribunal de Cuentas, que mandó toda su investigación previa a la Justicia.

Cuando el órgano de contralor envía un expediente a la Justicia, es porque administrativamente ya no le encontraron solución. La manifiesta irregularidad no tiene muchas opciones. La acusación es gravísima y debería ser el detonante para que el funcionario fuera separado del cargo, si no presenta en lo inmediato su propia renuncia.

También es cierto que en el sistema judicial argentino, nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Y este es apenas un primer paso de un imaginable proceso judicial. Pero para el procesamiento, tiene que haber un mínimo convencimiento de que algo hay. Y esto es suficiente para la renuncia.

Lo de Valmaggia parece distinto. No está siquiera imputado. Pero allí donde todavía no intervino la Justicia, el sentido común ya hizo su trabajo. Las respuestas todavía no llegan.

Fuente Corrientes Noticias


Martes, 24 de junio de 2008

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