Martes, 13 de Enero de 2026
  
13/01/2026 12:23:44
Política Salud
El Ministerio de Salud de la provincia se encuentra paralizado al estar sin internet por falta de pago
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Martes, 13 de enero de 2026

Corrientes (13-1-26): El periodista Willy Oviedo denunció en sus redes sociales un hecho inedito, lamantable y de inusutada gravedad, el Ministerio de Salud de la provicia se encuentra paralizado al no tener internet debido a la falta de pago, lo más insólito es que desde el gobierno se promociono la empresa gubernamental TELCO (Corrientes Telecomunicaciones) que supuestamente llevaría internet de alta velocidad a toda la provincia, lo que es evidente que era solamente burbujas de campaña, este revolución tecnológica chocó de lleno con la realidad, ni TELCO, ni internet, ni pago del servicio en una de las areas más sensibles, la de la salud.


“La revolución tecnológica que se quedó sin Wi‑Fi”: la metáfora perfecta del atraso
Hay escenas que no necesitan explicación.

Un Ministerio de Salud sin internet es una de ellas.

No hace falta agregar dramatismo: la realidad ya es suficientemente absurda.

Mientras en los discursos se habla de “modernización”, “transformación digital”, “futuro tecnológico” y “Estado inteligente”, en la práctica el Ministerio de Salud de Corrientes no puede mover un expediente porque no pagaron el servicio de internet.

No es una metáfora.

No es una exageración.

Es literal.

El ministerio que debería salvar vidas no puede abrir un sistema.

Mesa de entradas paralizada.

Expedientes detenidos.

Proveedores que no pueden cobrar.

Pacientes que no pueden recibir medicamentos.

Hospitales que no pueden cargar insumos.

Programas que no pueden reportar datos.

Todo porque no pagaron internet.

En pleno 2026.

Y pensar que hace apenas unos meses hablaban de la “revolución de la telemedicina”.

Una revolución sin internet.

Un sistema digital sin conexión.

Una telemedicina que no puede ni prender la computadora.

Un chiste involuntario, pero un chiste al fin.


Porque para hacer telemedicina se necesita algo muy básico:
tener internet.

Y hoy, el ministerio que prometía el futuro no puede garantizar ni el presente.

¿Y TELCO? ¿Y la promesa del futuro?

Durante años se habló de conectividad, fibra óptica, digitalización, innovación.

Se prometió un Estado ágil, moderno, eficiente.

Un Estado que iba a dejar atrás el papel, la burocracia, el atraso.

Pero hoy, el ministerio que administra la salud pública funciona como si estuviéramos en 1985.

Sin sistemas.

Sin red.

Sin acceso.

Sin nada.

La ironía es tan grande que duele: el Estado que exige trámites digitales no puede sostener su propia conexión.

La cadena de daño
Cuando un ministerio se queda sin internet, no se corta un servicio.
Se corta una vida administrativa entera.

• Los proveedores no pueden cobrar, porque los expedientes no avanzan.

• Los pacientes no reciben medicamentos, porque los sistemas no funcionan.

• Los hospitales no cargan pedidos, porque no hay red.

• Los programas nacionales no se actualizan, porque no hay conectividad.

• Los trámites quedan congelados, porque no hay forma de moverlos.

Y mientras tanto, afuera, la gente sigue enfermándose, sigue esperando, sigue necesitando respuestas.

La pregunta que nadie quiere hacer
¿Cómo puede un ministerio quedarse sin internet por falta de pago?

¿Cómo puede un Estado que habla de futuro no garantizar lo más básico del presente?

¿Cómo puede la salud pública depender de un servicio que ni siquiera se dignan a abonar?

La respuesta es incómoda:
porque la gestión no se mide por discursos, sino por prioridades.
Y cuando un ministerio se queda sin internet, queda claro cuáles son.

La ironía final
Hablan de innovación, pero no pueden pagar un servicio básico.

Hablan de eficiencia, pero paralizan expedientes.

Hablan de futuro, pero funcionan sin sistemas.

Hablan de tecnología, pero dejan a la salud pública desconectada.

Hablan de telemedicina, pero no pueden abrir un navegador.

Un ministerio sin internet no es un problema técnico.

Es un síntoma.
Un síntoma de desorden, de improvisación y de una desconexión mucho más profunda: la desconexión con la realidad.

Porque cuando la salud pública se queda sin internet, no se corta un cable.

Se corta la confianza.
Willy Oviedo


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