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Política Opinión
Valdesito gobierna o lo sigue haciendo Gustavo? “El sillón de Ferré está ocupado… pero no por quien debería”
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Lunes, 19 de enero de 2026

Corrientes (19-1-26): El periodista Willy Oviedo se manifestó en sus redes sociales sobre una situación que es clara para muchos ciudadanos y esa es la gran incógnita (aunque es un secreto a voces) de sobre quien gobierna la provincia, Juan Pablo Valdesito (quien ostenta el cargo) o su hermano el ex gobernador Gustavo Valdes, la respuesta es sabida, lo sigue haciendo el actual senador, esa fue justamente la razón del capricho de poner a su hermano de candidato.


Hay cosas que se naturalizan.

Y lo más peligroso de lo que se naturaliza es que deja de verse.

O peor: deja de indignar.

A mí me toca siempre ser el malo de la película.

El que “ve fantasmas”, el que “exagera”, el que “busca problemas”.

Como si yo fuera el único que nota las irregularidades en esta provincia donde lo anormal se volvió rutina.

Créame quien quiera: yo también me cuestiono.

Pero no puedo mirar para otro lado.

Perdón si ofendo a alguno, pero lo que está mal, está mal.

Y no importa quién lo haga.

En Corrientes, durante años, se naturalizó un estilo de poder.

Un estilo que muchos defienden, otros callan, y algunos —muy pocos— se animan a señalar.

Y ahora que el exgobernador Gustavo Valdés es senador provincial, las consecuencias de ese estilo siguen a la vista, aunque algunos prefieran hacerse los distraídos.

Gustavo Valdés sigue usando el avión sanitario sin avisarle al gobernador actual.

Sigue viviendo en la Residencia Oficial 1, destinada al gobernador en funciones.

Sigue ocupando oficinas en Buenos Aires, en el cuarto piso del Banco de Corrientes.

Y ahora —según versiones del propio banco— se instalaría en el último piso de la sede central del Banco, con vista privilegiada a la costanera y a la Unidad.

La pregunta siguiente es inevitable: ¿cómo lo deja Pablo Valdés?

Porque institucionalmente, él es —en teoría— el gobernador de la provincia.

El titular del Poder Ejecutivo.

El hombre que debería ejercer el mando, tomar decisiones, fijar el rumbo y ocupar el lugar que la Constitución le asigna.

Pero en la práctica, según lo que se observa públicamente, el que sigue moviéndose como si gobernara es su hermano, el exgobernador y actual senador provincial.

Él es quien continúa usando recursos, espacios y privilegios que no corresponden a su cargo actual.

La pregunta no es jurídica.

Es política.

Es simbólica.

Es de poder real.

¿Qué gobernador acepta que otro ejerza funciones que le corresponden a él?

¿Eso es normal?

¿Eso es sano para una provincia?

¿Eso es compatible con la institucionalidad?

Me sigo preguntando: ¿cuándo va a ejercer el poder el gobernador?

¿Cuándo va a ocupar el trono que le corresponde?

¿Cuándo va a dejar de ser una figura formal para convertirse en una figura real?

Porque si otro senador quisiera reclamar los mismos beneficios, ¿podría hacerlo?

¿O hace falta un apellido para acceder a esos privilegios?

¿Hace falta aceptar un rol secundario?

¿Hace falta resignarse a ser gobernador en los papeles y espectador en la práctica?

Y al final, todo se resume a una realidad que nadie quiere decir en voz alta: en Corrientes, el poder no se transfiere, se hereda.

No importa quién jure, quién firme, quién ocupe el despacho o quién figure en el Boletín Oficial.

Importa quién manda.

Y mientras el gobernador siga actuando como si el poder fuera un trámite y no una responsabilidad, mientras acepte que otro decida por él, mientras tolere privilegios que ningún senador debería tener, mientras se conforme con el título y renuncie al mando, la provincia va a seguir gobernada por la sombra de un apellido y no por la luz de una institución.

Cuando la sumisión se vuelve estilo, cuando nadie se anima a reclamar lo que le corresponde, entonces no hay democracia:
hay administración de feudos.

Y sí, ya sé: esto molesta, incomoda, duele.

Pero alguien tiene que decirlo, porque el silencio es la forma más elegante de la complicidad.

Lo que está mal, está mal, aunque lo aplaudan.

Y lo que se calla no solo se pudre: se transforma en una enfermedad moral de una provincia que hace rato dejó de sentir el dolor.
Willy Oviedo


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