Bs. As. (22-2-26): Lavigne, secretario de Comercio, dijo ante empresarios que “Argentina no debería hacer cubiertas” porque “ustedes habrán visto, por ejemplo, que no producimos bananas y tantas otras cosas”. El caso Madanes y la velocidad de una crisis Menem en 2X. Por qué la burguesía adicta acelera la destrucción económica.
Por Leandro Renou
Algunos se rieron, incómodos. Otros se quedaron paralizados. A horas del cierre total de la planta de FATE en Virreyes -con 925 despedidos- no podían creer lo que escuchaban: un funcionario nacional de alto rango del gobierno de Javier Milei estaba comparando, ante empresarios y otros directivos de ministerios, lo insustentable de producir neumáticos con la producción de una fruta tropical. “Argentina no debería hacer cubiertas, no se puede fabricar cualquier cosa”, arrancó. Y siguió diciendo que “ustedes habrán visto que casi no producimos bananas, esto es como las bananas”, expresó el secretario de Comercio y Coordinador de Producción, Pablo Lavigne. E intentó argumentar asegurando que hay algo en el Norte del país, “pero poquito, porque no conviene”. Alguno asintió, diciendo que hay de por medio cuestiones climáticas, dado que las bananas crecen en temperaturas tropicales, por lo general en Brasil o Ecuador. El resto no comprendió por qué se equiparaba una industria histórica de Argentina, que atraviesa una crisis terminal por la apertura importadora del Gobierno, con la producción frutícola y, justamente, una de las que no se producen aquí por decisiones de la naturaleza.
La situación, de la que tuvo conocimiento Página I12, ocurrió en el despacho de Lavigne en el edificio de Diagonal Roca el mismo miércoles donde la empresa de Madanes Quintanilla bajó la persiana. Fue una conversación en el marco de un encuentro para afinar el lápiz de un potencial acuerdo entre el Mercosur y Emiratos Árabes, y participaron empresarios avícolas, integrantes de la Coordinadora de Productores de Alimentos (COPAL) y frigoríficos, funcionarios de la Cancillería, la Secretaría de Agricultura y gente Comercio. El comentario de Lavigne llegó a oídos de empresarios de la Unión Industrial Argentina (UIA), que acababan de emitir minutos antes un comunicado lamentando el golpe del cierre de FATE. La posición del funcionario enervó a los más críticos, que pusieron el grito en el cielo. “¿Un ministro comparando fabricar ruedas con producir bananas? No puede ser...“, expresaron.
Esa tensión es central para entender el contexto: en el gobierno de Milei se perdieron casi 22 mil empresas y cayeron en desgracia, en sólo dos años, los textiles, la metalmecánica y el calzado. Los mismos sectores que se vieron afectados en el gobierno de Carlos Menem. Las dos cosas están relacionadas con la apertura importadora, pero hay una diferencia sustancial, o dos: en los ´90, China no tenía la potencia de invasión comercial que tiene hoy y, además, el lobby empresario -sobre todo en la UIA- estaba disputado. Hoy, la sumisión de la central fabril que conduce Martín Rappallini es total, lo que licua la potencia de los mensajes críticos.
Lavigne -que con ese curioso ejemplo expresó una línea interna de pensamiento del gobierno- se hizo conocido en los últimos meses por una frase célebre: “la mejor política industrial es la que no existe”, manifestó. Las palabras fueron, en aquel entonces, una especie de respuesta indirecta a un choque con Paolo Rocca, el dueño de Techint, que precisamente había pedido que el Gobierno asuma el rol de un Estado que tiene políticas apuntadas al desarrollo fabril.
El caso de las bananas expresa a la perfección una de las vertientes oficiales. Milei está tironeado entre dos polos. Karina Milei, la secretaria de la presidencia, fue la que instaló la línea de que Madanes decidió cerrar, un día antes de la votación de la Reforma Laboral, para exponer cómo la apertura de la economía está rompiendo en pedazos a la industria.
La otra línea, que exploran los técnicos económicos, es la de Lavigne. Que la crisis de las empresas de neumáticos es parte de una matriz heredada del kirchnerismo, hoy inaceptable. Que abona producir todo lo que pueda hacerse en el país, y ayudar a las empresas a que produzcan nacional. Los que están en esa idea son el ministro de Economía, Luis Caputo; y el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger. Traen esa mochila en la espalda desde el gobierno de Mauricio Macri. Es la idea de la supervivencia del más apto, una situación que en momentos de crisis económica (como aquel Macri y este Milei) se utiliza más para lavar responsabilidades que como pensamiento estratégico de un modelo de país.
La complicidad de las burguesías
Entre el segundo trimestre de 1998 y el cuarto trimestre del año 2002, el final de la Convertibilidad, se perdieron 230 mil puestos de trabajo, consecuencia de la apertura económica y la crisis más acentuada del menemismo. Según el Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE), entre 2023 y hoy, la era Milei ya tumbó casi 320 mil puestos de trabajo en sólo 24 meses. ¿Cómo es posible que no se perciba una resistencia a las políticas de destrucción y fabriles de manera clara? Mucho tiene que ver aquí el rol del sector privado, la evolución que ha tenido la burguesía en estos años.
Hay un dato muy palpable, que es la fragmentación de la UIA en los ´90, en contraposición a las actuaciones actuales genuflexas. En el menemismo, curiosamente, apareció un “Rocca” criticando al riojano y hasta un “Macri” bancando a pleno. Desde 1997 en adelante, la UIA empezó un esquema de alternancia en el poder entre dos listas: los ceos exportadores y de servicios, agrupados en el Movimiento Industrial Argentino (MIA); y los más nacionalistas, alineados en el Movimiento Industrial Nacional (MIN).
En ese año, en una convención de la UIA en Bariloche, Roberto Rocca, el padre de Paolo, ya había manifestado críticas al menemismo y al esquema cambiario. El 19 de agosto de ese año, en una entrevista con Página I12, Rocca padre expresó que “el 1 a 1 no es para siempre. (…) el tipo de cambio fijo es un problema”. En la otra esquina, quien era el el titular de la UIA, el ex SOCMA y tío de Mauricio Macri, Jorge Blanco Villegas, era el mayor defensor de la reelección de Carlos Saúl casi antes de que eso se planteara como una posibilidad.
La historia es demoledora y traza paralelismos brutales. En aquel tiempo, el Senado acababa de aprobar una Reforma Laboral y pasaba a Diputados. Claudio Sebastiani, había asumido al frente de la UIA. El textil era línea MIN y, a la vez, era también diputado por el peronismo. Sebastiani votó en contra de la ley y dijo: “esto no sirve para nada, es una basura”. Como relata José De Mendiguren en su libro sobre el 2001, Sebastiani quedó automáticamente fuera de la UIA y fue reemplazado por el vice primero, Alberto Álvarez Gaiani, que representaba los intereses de la cámara alimenticia Copal. Gaiani sería un hombre de Menem.
Hoy, la UIA no está ni cerca de tener debates de esa altura. Rocca hijo juega por fuera de la línea de lo que era la idea de su padre, de un afincamiento en la producción nacional, y ese comando ordena a la central fabril en un alineamiento total con el gobierno de Milei. Es más, en las últimas horas, Paolo envió a sus lugartenientes para trazar una reconciliación con el Gobierno Nacional luego de que el presidente lo apodara “Don Chatarrín de los caños caros”. Techint quiere seguir haciendo obras en Vaca Muerta.
Un dato importante: supo este diario que la mano dura de Rocca está generando movimientos sísmicos muy lentos en la UIA, pero movimientos al fin. Un grupo, ante el nivel de destrucción actual, piensa en armar por afuera de la entidad que preside Martín Rappallini. Historias de ruedas, bananas y empresarios cómplices del industricidio que ellos mismos parecen.
Domingo, 22 de febrero de 2026