Teherán (6-7-26)El clima de duelo por la muerte del ayatolá Alí Jamenei se convirtió ayer en una multitudinaria demostración de furia y desafío en Irán, donde cientos de miles de personas participaron de las ceremonias fúnebres entre insistentes llamados a vengar el asesinato del histórico líder supremo, fallecido en un ataque que también acabó con la vida de otros altos funcionarios y desató la guerra que aún mantiene en vilo a la región.
El sucesor del ayatolá continuó sin dejarse ver durante los homenajes, mientras crece la presión para responder al ataque
Durante las oraciones celebradas en la mezquita de la Gran Mosalla de Teherán, la multitud coreó consignas como “¡Muerte a Estados Unidos!” y “¡Muerte a Israel!”, mientras algunos sectores más radicalizados reclamaron incluso el asesinato del presidente estadounidense, Donald Trump. El tono de los discursos reflejó el profundo resentimiento generado por el ataque del 28 de febrero y la presión para que el nuevo liderazgo responda con firmeza.
EL GRAN AUSENTE
Sin embargo, el gran ausente de las ceremonias fue el nuevo líder supremo, el ayatolá Moytabá Jamenei. Mientras sus hermanos participaron de los actos oficiales junto a las principales autoridades iraníes, él no apareció en público en ninguno de los homenajes realizados hasta el momento. Diversos reportes indican que permanece oculto por razones de seguridad e incluso circulan versiones de que habría resultado herido durante el bombardeo que mató a su padre. Israel, además, había amenazado con convertirlo en un nuevo objetivo.
Pese a esa ausencia, numerosos asistentes aseguraron que esperan una definición de Moytabá Jamenei antes de cualquier represalia. “Nuestro líder debe decir qué tenemos que hacer”, resumió una enfermera presente en el funeral, reflejando el sentimiento de muchos iraníes que exigen una respuesta, pero consideran que la decisión final corresponde al nuevo guía religioso y político del país.
En medio de los actos fúnebres, hubo insistentes llamados a vengar el asesinato del líder iraní
En la ceremonia estuvieron el presidente Masoud Pezeshkian, el titular del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf, el jefe de la Fuerza Quds, Esmail Qaani, y el comandante de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi, entre otros funcionarios. También participaron los hermanos del nuevo líder supremo, quienes no habían sido vistos públicamente desde el inicio del conflicto.
La tensión quedó reflejada en pancartas, grafitis y discursos que reclamaban la muerte de Trump y del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Algunos asistentes aseguraron que la única respuesta aceptable sería una represalia directa contra los responsables del ataque, mientras poetas y oradores avivaban el clima de indignación desde los altavoces.
En paralelo, Washington mantiene abiertas las negociaciones con Teherán para intentar consolidar un acuerdo que permita estabilizar la región, garantizar la reapertura total del estrecho de Ormuz y reencauzar el programa nuclear iraní. No obstante, las conversaciones permanecen prácticamente congeladas mientras continúan los funerales y persisten profundas diferencias entre ambas partes.
El recorrido del féretro de Jamenei continuará durante varios días por distintas ciudades de Irán e incluso por Irak, antes de su entierro previsto para el jueves en Mashhad.
Mientras tanto, las autoridades mantienen calles cerradas, restringen el espacio aéreo y refuerzan la seguridad, en un país donde el duelo se mezcla con una creciente presión popular para responder al ataque y donde todas las miradas siguen puestas en la esperada primera aparición pública del nuevo líder supremo.
Lunes, 6 de julio de 2026