Viernes, 6 de Febrero de 2026
  
06/02/2026 09:58:26
Política Pedofilia
¿Quiénes no aparecen en los Archivos Epstein?. Para sorpresa de nadie, los dueños del mundo trafican personas
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Viernes, 6 de febrero de 2026

EEUU (6-2-26): El Gobierno de Justicia Estadounidense desclasificó 3.5 millones de archivos vinculados con el caso Epstein, entre los que se encuentran miles de mails, imágenes y videos que involucran a cientos de ricos y famosos bajo su órbita: un esquema ponzi de tráfico sexual de menores llevado a cabo a plena luz del día. Aunque este caso movió los cimientos del estáblishment (ahora nadie quiere ser asociado con el pederasta), los archivos revelan una trama de impunidad que trasciende sus Islas del Caribe.

Por Camila Alfie

“ATENCIÓN: Algunos locos perversos en una isla remota están secretamente gobernando el mundo”: los fans de Los Simpson viralizaron esta semana un fragmento del episodio 6 de la temporada 12 donde Homero, tras publicar anónimamente en internet supuestos secretos sobre gente poderosa, es secuestrado y llevado a una isla donde está confinada la gente que “sabe demasiado”.

Podríamos pensar que fue otro de los tantos hechos históricos que predijeron Los Simpson, como la presidencia de Donald Trump, pero en este caso no se salva nadie: hasta el mismísimo creador de esta serie animada, Matt Groening, aparece bajo la órbita de Jeffrey Epstein, quien fue encontrado “suicidado” en 2019 en misteriosas circunstancias, en su celda penitenciaria, antes de enfrentar su juicio. Otro que, seguramente, también sabía demasiado.

Virginia Giuffre, una de las sobrevivientes de la trama de tráfico sexual orquestada por el financista y su esposa, Ghislaine Maxwell, reveló en sus memorias, en el 2019, que cuando era menor de edad, tuvo que darle un masaje a Groening en el avión de Epstein. Ella fue una de las denunciantes más visibles del caso y una figura clave, ya que expuso la participación del —ahora, finalmente, caído en desgracia— expríncipe Andés Mountbatten Windsor, y fue central en el juicio que condenó a Maxwell a 20 años de cárcel. La activista contra la violencia sexual, que participó del documental de Netflix “Jeffrey Epstein: Filthy Rich” y desafió a las esferas más poderosas del poder, fue hallada sin vida a fines del año pasado, supuestamente, tras haberse suicidado.


Epstein y quien fue su pareja Ghislaine Maxwell, condenada en 2021 a 20 años de prisión por tráfico sexual infantil. (Imagen Web)
Solidaridad de clase

Volviendo a Groening: parece sorpresivo que el creador de esta serie, que aborda desde una mirada satírica la corrupción y la decadencia moral de la sociedad contemporánea estadounidense, haya tenido contacto con Epstein. Es que, en este caso, lo que une a los implicados no es una solidaridad ideológica, sino una solidaridad de clase. No es una izquierda versus derecha (entre los archivos se mencionan a figuras que van desde Bill Clinton hasta Noam Chomski, pasando por Stephen Hawking, Donald Trump, Bill Gates, Elon Musk y la princesa noruega Mette Marit), sino un nosotros contra ellos. Donde ellos son millonarios escindidos de la realidad que los une el morbo por el morbo, escudados en la impunidad que ofrece el poder patriarcal del que gozan los hombres cis, blancos, héteros y ultrarricos; mientras nosotros somos una clase trabajadora descartable cada vez más precarizada, a la que nos quieren hacer creer que somos pobres porque gestionamos mal nuestras finanzas, cuando lo único que hicimos fue comprar comida.

Porque mientras en EEUU un hombre puede ser fusilado por ICE solo por ayudar a una mujer que fue atacada, el 1% del 1% puede violar a menores de edad traficados en un esquema ponzi sin enfrentar ninguna consecuencia. Un pacto de sangre que refleja el accionar de los nuevos regímenes fascistas y que trasciende las islas remotas, para unir distintos episodios nodales de esta nueva normalidad postcapitalista. Un ejercicio tiránico del poder que se expresa en un Donald Trump asumiendo la presidencia tras haber sido juzgado como agresor sexual, el aniquilamiento del pueblo palestino para instalar resorts en la Franja de Gaza como si fuese un terreno valdío, los despidos masivos en Amazon en nombre del libre mercado, la cacería humana de inmigrantes en EEUU como si fuese un coto de caza, la invasión a Venezuela para fagocitar el petróleo ajeno o exigir el anexamiento de Groenlandia “por las buenas o por las malas” para extraer los metales raros de ese “pedazo de hielo mal ubicado” que no quiere nadie.

El derecho internacional y los resortes de la democracia ya no existen, la división de poderes tampoco y las voces de las sobrevivientes pesaron menos que los mails de un hombre muerto. Millonarios depredando cuerpos infantiles sin consecuencias y sin que a nadie le llame la atención, mientras el 90% de la gente ya no sabe qué vender para llegar a fin de mes. Y, al final, la única encarcelada, es una mujer.

En el episodio de Los Simpson, donde Homero es llevado a una isla remota controlada por los ricos y poderosos -la versión local podría ser nuestro Lago Escondido, porque cómo les gusta a los billonarios recluirse en parajes remotos para mover los hilos del poder-, el capítulo lo muestra como una “conspiración”. Pero el caso Epstein no es ninguna conspiración: los mails entre él y sus clientes/amigos exponen que todos los implicados sabían exactamente lo que estaba pasando; y uno no aparece de casualidad en los banquetes de los depredadores internacionales tope de gama, en el medio del Caribe.

Conspiraciones son las narrativas de que los integrantes del colectivo LGBTIQ+ son pedófilos, -como dijo Milei-, que el cambio climático es una mentira de China para ponerle un palo en la rueda al mercado estadounidense -como también dijo el susodicho-, que las vacunas te dejan imantado -como quiso probar Adorni-, que la ESI sexualiza a los niños -como dice Agustin Laje-, que la boxeadora Imane Khelif es un hombre-como dijo Donald Trump- y que las personas trans son hombres disfrazados de mujeres con el único objetivo perverso de violar niñas en los baños públicos, como propone JKR, la autora de Harry Potter. Una agenda psicótica y perversa que instala la ultraderecha, que se jacta de ser portadores de una superioridad moral alineada con los valores cristianos, y una peculiar presunción de inocencia selectiva. Como señala la activista y divulgadora trans no binaria Gabriela Ivy, para el Gordo Dan (uno de los influencer favoritos de Milei) “Donald no es un violín” hasta que se lo demuestre -hay montañas de evidencia-, y él “no siente que Donald sea un pedófilo”, porque, para la ultra derecha, la violencia sexual es subjetiva.

Los que sí no aparecen en los Epstein Files son, justamente, las drag queen, los inmigrantes, los putos, las travestis, las profesoras de educación sexual, los mapuches, los obreros organizados, Lali Espósito, Ian Moche, Greta Thurnberg, los jubilados, y los zurditos llorones que creen que todos deberían comer tres veces por día. La pregunta es: ¿qué otras islas y qué otros archivos están tapando los archivos del caso Epstein?


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