Sábado, 14 de Febrero de 2026
  
14/02/2026 10:43:25
Política Opinión
Huelgan palabras. El colmo de Milei sube la inflación y baja el dólar
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Sábado, 14 de febrero de 2026

Bs. As. (14-2-26): Javier Milei ganará el Nobel: subió la inflación al mismo tiempo que bajó el dólar. Y conste que lo hizo con el índice trucho del Indec que dio 2,9 de inflación para enero. Porque la inflación verdadera hubiera llegado a 3,4 y a su vez el dólar cayó a 1400 lo que encareció la producción argentina y abarató las exportaciones. Y los empresarios festejan porque el Senado les aprobó la posibilidad de despedir trabajadores a troche y moche.

Por Luis Bruschtein

La ley laboral encaja con la pérdida de derechos de ancianos, enfermos y discapacitados, y con una sociedad que se desentiende de los más vulnerables y no reconoce más derechos que el poder económico.

En la historia argentina, cuando el dólar subía, los precios lo seguían. Y ahora que bajó, en vez de bajar o estabilizarse, siguieron subiendo. Muñeca para desgraciarle la vida a las personas, incluso a sus votantes, que seguramente aplaudirán en las carnicerías cuando llegue la carne con los nuevos precios, disparados por un anuncio de posible exportación a Estados Unidos.

El índice trucho ocultó el aumento permanente de rubros como transporte, telefonía, alquiler, gas, electricidad, medicinas y prepagas que aumentaron muy por encima de los demás rubros, pero están poco representados en la canasta vieja.

El apoyo de Donald Trump evitó el temido caos ante un resultado desfavorable para el Gobierno. No hubo caos, pero con la inflación no pudo. Con resultado electoral favorable, el apoyo de Estados Unidos y el de los empresarios, sin hacer ni una obra y rebanando jubilaciones y salarios, la inflación se disparó. Lo votaron para que pare la inflación y ahora tienen inflación y salario congelado. Y el que tiene trabajo, lo tendrá precarizado.

Es una sociedad que valora lo que siempre cuestionó. Trump reivindicó como obra suya el resultado. Quiso decir que la gente votó a Milei porque le hizo caso a Trump, en un país que siempre receló de los gobiernos norteamericanos. Han cambiado parámetros. La intromisión de Trump en una elección interna hubiera causado rechazo aún por encima del miedo al caos. La idea de soberanía o de independencia se ven lejos de la vida de todos los días.

Las encuestas daban entre 30 y 40 puntos antes de las elecciones a Milei. La palabra de Trump lo hizo remontar. Esta semana, un titular anunciaba que por primera vez desde las elecciones, la imagen negativa de Milei era mayor que la positiva. Pero cuando se miraban los números, eran 51 a 49.

La rapidez con que el Gobierno se lanzó a capitalizar con proyectos de ley inconcebibles en una situación normal, demostró que, al menos, no sabe cómo estará dentro de un año. La reforma laboral y la baja de la imputabilidad a menores se deben en última instancia a Donald Trump que lo salvó de la derrota.

El debate y la votación parlamentaria de estas leyes pusieron en evidencia también la naturalización de la pérdida de independencia de las provincias. Acogotados por el gobierno nacional que les retiene partidas que les corresponden, los gobernadores negocian votar leyes que derogan derechos elementales a cambio de migajas que deberían recibir sin ninguna exigencia.

Con la excepción de los gobernadores de Tierra del Fuego, La Pampa, Buenos Aires y La Rioja, los demás aceptaron la extorsión. Podrán terminar una cárcel o un puente, pero los trabajadores de sus provincias perderán derechos a decidir sus vacaciones, sus horas extras, perderán estabilidad en el trabajo y sacarán miles de millones de pesos a los jubilados para que los bancos los metan en la timba financiera. Esos trabajadores son argentinos, viven en sus provincias y fueron perjudicados por sus gobernadores.

La extorsión a las provincias fue a la luz del día. Para los gobernadores que aceptaron esa situación se trató de una negociación. Pero no ganaron más que una mínima parte de lo que les corresponde por la ley. Con esa actitud, los gobernadores sepultaron el federalismo y subordinaron sus provincias al gobierno central. Por supuesto, los gobernadores radicales y los del PRO apoyaron esa ley antiobrera por convicción y deberán afrontar la protesta de los trabajadores de sus provincias.

El sector más combativo de la CGT, junto con las CTA rechazaron la norma porque no había un solo punto aceptable. La CGT pudo negociar la cuota obligatoria y el descuento para obra social y nada más. En el espíritu de la ley está el desmantelamiento de las organizaciones obreras que sostienen los derechos de los trabajadores.

La baja de la edad de imputabilidad que al principio mandaba chicos de 13 años a la cárcel común, fue aprobada con un año más, o sea, 14. Ningún especialista de los que trabaja con niños y adolescentes respaldaron la norma. La incidencia es mínima, los delitos cometidos por menores de edad apenas pasan del tres por ciento del total. La norma no moverá el amperímetro de la inseguridad, pero arruinará la vida a adolescentes que podrían ser recuperados. En consecuencia, se trata de pura demagogia ante la imposibilidad de dar respuestas concretas a esa problemática, que tienen que ver con un contexto educativo, social, económico, cultural y demás.

Hay un hilo envolvente que conecta el ajuste a las jubilaciones y la reforma previsional, con el desmantelamiento de los hospitales, la reducción de la agenda vacunatoria, y el maltrato a los discapacitados con la reforma laboral y la baja de la edad de imputabilidad. Todas esas acciones atacan a los más débiles, a los más vulnerables. No se trata de negar a la justicia social sino de ir más al hueso y negar la existencia de los derechos de las personas. Sólo tienen derechos los “propietarios”, como en la sociedad colonial. En este caso, la calidad de propietario resulta equiparable con la de “empresario”.

El único que tiene derechos es el “empresario” y todos los demás son formas parasitarias de esta categoría. “¿Por qué yo tengo que pagar peaje y su hijo, no?”, le dijo Diego Spagnuolo cuando era titular de la ANDIS, a la madre de un chico con autismo. Para el tipo, el peaje del chico lo pagaban con “la suya”.

El trabajador quiere que se valore su trabajo, pero el empleador asume que el empleo es suyo y que solamente él tiene derecho a establecer la forma como lo ocupa. En esa puja, la fuerza del trabajador solamente existe si se une con otros y en la posibilidad de hacer huelga. La ley va contra la unión de los trabajadores y contra el derecho de huelga.

Desproteger a los enfermos, a los discapacitados, adolescentes y a los ancianos, al igual que a los trabajadores, forma parte de una construcción ideológica. Si niegan derechos, también rechazarán que los defiendan. El despliegue desmedido de fuerzas represivas, de gases, balas de goma y detenciones al voleo se basa en esa construcción ideológica que promueve la subordinación del país a los Estados Unidos, de las provincias al gobierno nacional, de los trabajadores a sus patronales.

La represión y los desmanes a la vista de todo el mundo buscan crear temor y generar la idea de que derechos es igual a desorden. El orden se establece sin derechos. Orden y derechos son opuestos, igual que libertad y democracia. Como en la dictadura. La capacidad de contener a los más débiles ha sido una característica civilizatoria. Es lo que enseñaban las madres y se aprendía en las escuelas y hasta en las Iglesias. Milei encarna lo contrario, una sociedad monstruosa, fragmentada por el odio, pero de sometidos, empobrecidos y embrutecidos.


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