Bs. As. (14-2-26): Hace casi dos años escribí que Milei fue consecuencia del caos en la Política argentina. Una suerte de hijo y fruto del desorden reinante hasta entonces. Y que, una vez elegido como Presidente, su propósito sería ordenarla a su manera.
Por Alfredo Serrano Mancilla
A día de hoy, en parte, sigo pensando lo mismo, pero con un matiz importante.
Milei ha ordenado a la mayoría de la vieja casta política y se ha hecho su apoderado. Actualmente no hay macrismo, ni larretismo, ni bullrichismo, ni nada que termine en ‘ismo’ que pueda encarnar el liderazgo del bloque conservador-neoliberal. Milei ha cohesionado este espacio, y ejerce como máximo exponente y garante de este modelo.
Ha ordenado también a su electorado, es decir, al histórico 40% que siempre vota a favor de este tipo de ideas. Milei es su representante.
Sin embargo, este orden ‘parcial y limitado’ viene acompañado de la necesidad compulsiva de generar más desorden generalizado.
Sólo con más caos, Milei puede seguir siendo la centralidad en toda la Argentina.
Y para alimentar el desorden y el caos, aplica su fórmula: el ‘cualquiercosismo’. Puede decir y hacer cualquier cosa, y lo contrario. Todo se basa en la carencia de rigor, la ausencia de verdad, la falta de humanidad y no tener vergüenza para hacer cualquier tipo de ‘papelón’. Repite el patrón trumpista, pero sin tanto poder.
Su esencia es confundirse y confundir.
Esta constante cacofonía de Milei no obedece a ninguna base socrática. De ninguna manera. Ni se hace el que no sabe con el objetivo de enredar, ni juega a la confusión productiva. Lo del presidente argentino es más básico: piensa y actúa enredado, enredando a todo aquel que intenta entenderlo.
Muchas veces se afirma que el fenómeno Milei ha de entenderse únicamente como un asunto comunicacional. Y no. Lo que Milei hace es Política en el sentido más genuino. Y hace de la confusión una manera de desorientar a todo aquel que le sea ajeno.
(Los propios no necesitan entenderle mucho. Tienen tanto odio a lo ajeno que sólo les basta con saber que Milei ha venido para acabar con ‘esta lacra’. Todo lo demás les importa poco o nada).
Indudablemente, este autopercibido ‘experto en crecimiento con y sin dinero’ se aprovecha de un contexto que hay que poner en perspectiva y que se caracteriza por: 1) una creciente crisis de representatividad de los partidos políticos; 2) una sociedad cansada del Vivir Peor de los últimos diez años; 3) un cambio epocal en el que todo es efímero, volátil e incierto, y donde se impone un ‘clictivismo’ superficial para ‘informarse’; 4) una altísima inflación acumulada en los últimos años que hace volar por los aires a una de las variables de referencia para ordenar nuestro día a día: los precios.
Si tenemos en cuenta a los dos últimos años de Alberto Fernández más los 26 meses de Milei, la inflación acumulada desde nov-2021 hasta ene-2026 es de 1.756%. En este tiempo, medio kilo de sal fina pasó de costar 55 a 1.413 pesos argentinos; un litro de leche, de 89 a 1.655 pesos; una docena de huevos, de 155 a 3.890; diez unidades de pañales descartables de 214 a 4.511 pesos.
¿Quién no se confunde con una realidad así?
Este escenario constituye un terreno fértil para que Milei siga a sus anchas con su política de confusión hacia adelante. Esta ecuación exponencial del caos es su mejor estrategia electoral para llegar al año 2027 con opciones.
Y esto abre un gran reto para la oposición, tanto político como electoral.
O lo afronta buscando una manera de surfear este estado del caos, yendo detrás de la agenda de Milei, respondiéndole a todo y discutiendo siempre bajo su marco confuso.
O lo afronta con su propia agenda, poniendo como centralidad la cotidianeidad de la mayoría de la población argentina, sintonizando con sus demandas, proponiendo respuestas y exponiendo ideas propias sin complejos.
O, por qué no, combina lo uno con lo otro, pero dándole más peso a lo segundo que a lo primero. En otras palabras: se puede disponer de agenda propia de una manera autónoma y protagónica, respondiendo a Milei en aquello que convenga, pero sin ser fagocitado por la estela de su última ocurrencia.
Por ejemplo, se puede discutir sobre la forma en que Caputo se ufana de no comprar nunca su ropa en Argentina, pero sin perder de vista el eje de lo importante en este asunto. Y en la medida de lo posible, conviene redoblarle la apuesta y hacerlo en clave propositiva.
(Frente a la barbaridad planteada por el ministro de Economía, se podría exigir con una ley que los ministros tengan todo su patrimonio en Argentina y no en el exterior (como lo tiene Caputo)).
La clave está siempre en poner el foco en tu propia agenda e instalarla, ajustándose al máximo a las preocupaciones cotidianas de la ciudadanía, y desoyendo buena parte de lo que se difunde en los grandes tabloides de comunicación. Cada día es más notorio la disociación de los titulares periodísticos (muy apegada al último dislate de Milei) y la realidad diaria de la gente común.
El 80% de la población no está pendiente de las veces que el Presidente viaja a Estados Unidos, ni de la disputa entre un gobernador y el ejecutivo, ni de cómo se negocia en el Congreso, ni si Karina es quién define las listas para una elección. Por el contrario, lo que más le importa a la inmensa mayoría es que se hable de un plan de alivio para las empresas que están a punto de cerrar y quebrar; de una moratoria del pago de deudas para las familias, de la prohibición temporal de las comisiones bancarias, de un aumento significativo del salario, de propuestas efectivas para resolver el problema de la vivienda, etcétera.
Frente al caos que promueve y siembra voluntariamente Milei, la alternativa a favor de un ‘orden cotidiano’ es el mejor antídoto para convencer a una mayoría.
+ Doctor en Economía, CELAG DATA.
Sábado, 14 de febrero de 2026