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25/10/2026 09:26:12
Política Internacional
Latinoamérica late con la pulsión de que Lula dé vuelta la elección
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Domingo, 25 de octubre de 2026

Brasilia (25-10-26): Con el augurio de un empate técnico entre el progresismo y la derecha, Brasil enfrenta la segunda vuelta. El furioso trabajo en las redes alienta un repunte del PT. El centrão y los indecisos serán clave, más que nunca. La franja del "mal menor" y la importancia de los exabruptos de Bolsonaro en los debates.


Por: Boyanovsky Bazán
@hipersigno

Llegando a la recta final, el clima fue cambiando ligeramente hasta volver a quedar instalada la idea de un empate técnico. Luiz Inácio Lula da Silva vuelve a medirse hoy en el balotaje frente a Flávio Bolsonaro, esta vez definitivamente. La expectativa de que el presidente de Brasil pueda concretar la gesta de una reelección altamente reñida, pasó de la resignación tras la primera vuelta del 4 de octubre pasado, a palpitar una posibilidad que, de concretarse, no resolverá la efectiva polarización que fractura a la sociedad brasileña, al igual que al resto de los pueblos de la región.

Las razones de una posible remontada pueden hallarse, entre otras, en una profundización del trabajo digital en redes, unas actuaciones sólidas en los dos debates televisivos que aprovecharon errores de su contrincante y una campaña apoyada por personalidades locales e internacionales que señalan el “peligro” para la democracia que implicaría un gobierno de Bolsonaro. A su vez, el hijo del expresidente continúa sólido con el férreo apoyo de los Estados Unidos y su presidente, Donald Trump, y de otros líderes de la derecha y la extrema derecha, tanto en América como en Europa, así como del establishment y los dueños del algoritmo.

Latinoamérica late con la pulsión de que Lula dé vuelta la elección
Mas allá de los indicios desacertados de las encuestadoras previas a la primera vuelta, que hacían creer incluso en la posibilidad de que Lula lograra la victoria en esa instancia misma en vez de perder 45% a 47%, como ocurrió, las predicciones vuelven a estar en el centro del debate, a falta de otros elementos para anticipar el resultado.

La encuesta de Datafolha publicada el jueves refleja un empate técnico, con el 50% de los votos cada uno, mientras que el sondeo de la consultora Quaest sitúa a Bolsonaro con el 45 frente al 44% de Lula, cuyo nivel de rechazo -algo que caracteriza a ambos-, no obstante, según la misma fuente, cayó cinco puntos, hasta el 47 por ciento.

La amplia reprobación que convocan los dos candidatos es reflejo de esa gran polarización política, que va más allá de estas elecciones. Supone una fractura identitaria y social que condiciona de forma directa el comportamiento del electorado, el desarrollo de la campaña y la futura gobernabilidad de Brasil. En el caso de Lula, ni siquiera sus políticas populares ni su acercamiento a la centroderecha, que permitió calmar las ansiedades de parte del poder económico, le permitieron acceder al beneficio de la aprobación mayoritaria de la ciudadanía. Otro signo de los tiempos.

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Con un margen escaso para sumar nuevos votos, la franja de indecisos se vuelve un campo codiciado que posiblemente sea el que defina la elección. La clave está en quién representa para estos electores el “mal menor”, y ello sin dudas será el resultado del trabajo en territorio, medios y redes que ambos sectores desplegaron en las últimas semanas.

Los debates televisados del 18 y de este último viernes 23 parecieron reflejar lo mismo que la intención de voto. Los candidatos salieron empatados, según los sondeos posteriores, y ambos mantuvieron una imagen acorde a lo que esperaban sus seguidores. Dos baldones de Bolsonaro podrían haber perjudicado l igeramente su imagen. Una fue en la primera entrega, cuando en un segmento se burló ostensiblemente de su contrincante, lo que no tuvo buena recepción de la audiencia. La otra fue el viernes, cuando quiso acusar a Lula de malversar los fondos públicos, un argumento frecuente en sus críticas, y para ello dijo que las ayudas sociales se otorgan «con una mano, pero se quitan con los nueve dedos», en alusión al dedo faltante en la mano izquierda del presidente, perdido en un accidente laboral cuando trabajaba como tornero mecánico en una fábrica.

El golpe bajo enfureció a Lula, pero también le dio pie para enfatizar una idea que ya había esgrimido en el debate anterior. Dijo que no permitiría que lo insultara «alguien que nunca trabajó en la vida» y que jamás había tenido una libreta de trabajo. Además enfatizó en que «si hay alguien aquí que sabe lo que es el mundo del trabajo soy yo. Si hay alguien que perdió un dedo a los 17, fui yo, trabajando de noche cuando no debía».

De esta forma logró empatizar con la clase trabajadora y mostrar su posicionamiento frente a los abusos patronales, ya que su lesión reflejaba la realidad de millones de trabajadores que sufren accidentes “debido a la irresponsabilidad de los empleadores”.

La polarización de la sociedad también se vio reflejada en las redes sociales, en las que históricamente el bolsonarismo ha sabido desplegar sus estructuras mucho mejor que la izquierda, hasta el punto de ser objeto de choque judicial en el Tribunal Superior Electoral (TSE), adonde concurrió Lula pidiendo la nulidad de la candidatura de Bolsonaro alegando un supuesto trato de favor de Meta.

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El del PT acusa también a Meta de bloquear deliberadamente mensajes digitales distribuidos mayormente en Whatsapp y de interferir en contenidos en Instagram. Se trata de las acciones del llamado “Ejército de Lula”, una iniciativa digital comandada por el diputado lulista, que alimentaron la esperanza de recuperar votos este domingo

Más de 156 millones de brasileños tienen hoy una cita con las urnas para elegir entre dos líderes y modelos antagónicos que reflejan la historia reciente del país, y que pueden reducirse a algunas consignas generales: Estado vs. Mercado; Poder hegemónico vs. Poder popular; Soberanía vs. Alineamiento irrestricto. Con los resultados de la primera vuelta, el Congreso ya quedó definido con una inclinación más hacia la derecha, lo que prevé una hostilidad mucho menor para Bolsonaro que la que tuvo que sortear Lula, cuyo Gobierno se vio en complejas negociaciones para sacar adelante sus propuestas.

Latinoamérica late con la pulsión de que Lula dé vuelta la elección
En cambio, todo hace pensar que un mandato del candidato ultraderechista encontrará mayor resistencia de la calle con posible contestación de movimientos sociales, medioambientales y por los derechos civiles.

También se tiene presente el papel arbitral que tendrá para ambos el bloque del centrão, conformado por conservadores y representantes de los intereses del agronegocio, la seguridad, y el evangelismo. La expectativa se fija también en los seis Estados que hoy también resuelven quién será su gobernador, entre ellos el Distrito Federal, Brasilia. «


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