Bs. As. (25-10-16): En una muestra mas del cipayismo del gobierno argentino y de la alineación pornográfica de Milei ante Trump, el presidente argentino atendió primero a llamada de Marcos Rubio y luego recibió al vicecanciller norteamericano quienes le exigieron modificaciones en la Ley de Soberanía para que no se sanciones a empresas yanquis que trabajen con Sea Lion en Malvinas. Página/12 accedió en exclusiva al contenido de las rees que el vicecanciller estadounidense tuvo con Milei y Quirno. Les reclamó una “exit clause” para bancos, aseguradoras y petroleras que trabajan con Sea Lion en Malvinas. Ahora hay que cambiar el texto del proyecto de ley.
Por Raúl Kollmann
En el marco de diálogos más que ríspidos, primero el secretario de Estado, Marco Rubio, y luego el subsecretario de Estado, Christopher Landau, le reprocharon a Javier Milei y a su canciller que no le hayan puesto un límite a las empresas chinas que están en la Argentina, que tampoco se haya aprobado la ley de patentes y, además, le exigieron que modifique la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, incluyendo una “exit clause”, cláusula de salida, para las empresas norteamericanas. Sobre el proyecto Soberanía, Landau le dejó al presidente un mensaje que dice, palabras más, palabras menos, que “no debe haber sanciones para las empresas norteamericanas —fondos de inversión, bancos, aseguradoras, mineras, petroleras— que hayan hecho operaciones con compañías que ya trabajan en las islas, mientras que las que arranquen ahora, se evaluarán una por una. “Ustedes tienen un conflicto con el Reino Unido, nos sancionan a nosotros, Londres se va a reír y arregla con otras empresas. Los perjudicados somos nosotros”, bramó Landau. Al canciller Pablo Quirno lo marginaron dos veces. Hubo una llamada de Marco Rubio a Milei, pasando por encima de Quirno: “Ustedes no nos cumplen”, le dijo el secretario de Estado al presidente. Luego recibió a Landau, algo impropio en el mundo diplomático: un mandatario no recibe al vicecanciller de otro país. Página/12 accedió a los diálogos y los choques que se dieron a lo largo de 8 días de furia.
Marco Rubio al teléfono
Todo arrancó el viernes 16 de octubre con una llamada de Marco Rubio, el canciller (secretario de Estado) de Estados Unidos, directamente a Milei. Eso solo ya provocó escozor en Quirno: “La relación debe ser de canciller a canciller”.
En el diálogo con el presidente, Rubio le dijo a Milei que quería señalarle la preocupación por la Ley de Defensa de la Soberanía. “Nosotros tenemos quejas acá —le dijo Rubio— porque los ingleses no tienen problemas con la ley. Arreglan con otras empresas, no norteamericanas, y los que perdemos somos nosotros”.
Según saben en la Cancillería, Rubio recibió un informe hecho por el CEO de la Amcham, es decir, la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina. El texto que habría formulado Alejandro Díaz es fuertemente crítico de la ley y se lo mandó también a Martín Menem y Patricia Bullrich. El objetivo estuvo claro: voltear la norma.
Pero en la llamada desde Estados Unidos, Marco Rubio quiso marcar la cancha: “Ustedes no nos cumplen. No salió la ley de patentes y laboratorios, no hay nada de los minerales críticos, en especial el litio; las empresas chinas siguen sin ningún límite y no se avanzó nada con el ARTI (Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos), que requiere aprobación del Congreso. Y, encima, esta nueva ley”.
Milei al teléfono
Tras la llamada de Marco Rubio, Milei -dicen que furioso- pidió hablar con Quirno. “Me acaba de llamar Marco Rubio. ¿Cómo es que no les cumplimos? Son nuestro principal y único aliado”, gritó.
Por de pronto, Quirno no salía de su asombro. El ministro solo esbozó que buena parte de las cosas se resuelven en el Congreso, que no tienen que ver con la Cancillería en sí misma. O sea, intentó responder tirándole la pelota a los otros integrantes del gobierno.
Palo y zanahoria
La secuencia siguió, esta semana, con la visita del subsecretario de Estado, el número 2 de Marco Rubio, Christopher Landau. El diálogo fue áspero en el contenido, pero cordial en las formas.
Como era obvio, Landau se trajo la listita que ya mencionó Rubio, la de los incumplimientos. Pero, además, vino con una propuesta concreta respecto de la Ley de Soberanía: que se incluya una “exit clause”, cláusula de salida, para las empresas norteamericanas. Parece algo difícil de digerir para los legisladores argentinos, por lo que la Casa Rosada salió urgente a congelar cualquier tratamiento de la ley. O sea, el gobierno tuvo que absorber un bochorno, no quiso tratar su propio proyecto.
La propuesta era que la norma abriera dos caminos para las empresas norteamericanas:
*No habrá sanción para las que ya tienen negocios con las compañías que operan en Sea Lion, el proyecto petrolero en el norte de Malvinas. El ejemplo que dio Landau es respecto de un banco o una aseguradora que viene trabajando desde hace tiempo con empresas que ahora operan en las islas. “No tienen ninguna intencionalidad con Malvinas -argumentó-. No las pueden sancionar”.
*Se tratará caso por caso la situación de empresas norteamericanas que, desde ahora en adelante, firmen acuerdos con compañías que estén en Sea Lion. Habrá que ver si tienen alguna intencionalidad respecto de Malvinas o es una vieja relación con las compañías que operan en otros lados y también en las islas.
Como es evidente, la exit clause significa que, en la práctica, habilitan a las empresas norteamericanas para que operen en Malvinas. La frase fue siempre la misma: “Sancionen a empresas británicas, no a nosotros. Eso no va”, repetía Landau y su equipo, casi en tono de orden. En la conferencia de prensa conjunta Quirno-Landau, el canciller argentino quiso dar una respuesta tácita a la listita de reclamos: “Nosotros siempre cumplimos en lo que nos comprometemos”, dijo ante los periodistas. En paralelo, dio instrucciones para que la frase se remarque en el comunicado oficial.
También esta semana vino la zanahoria: el embajador norteamericano Peter Lamelas insistió en que Estados Unidos aportará 20.000 millones de dólares a la Argentina, aunque precisó que es en proyectos de energía, minería e infraestructura. “Creemos en este rumbo que está tomando la Argentina y creemos en ustedes”, redondeó. O sea, ponemos la plata, pero todo está condicionado a que reelijan a Milei.
La síntesis es: Landau exigiendo, Lamelas prometiendo.
Visitando la Rosada
En los códigos de la diplomacia se supone que un presidente no recibe a un vicecanciller de otro país. Son investiduras muy distintas. Pero, con perfil de colonizado, Milei sí recibió a Landau en la Casa Rosada. Por supuesto, significó un desaire para Quirno. Exhibe la conducción caótica de la administración Milei y de la política exterior. Diseñan un proyecto de Ley de Soberanía y al mismo tiempo se abstienen en la votación referida al Comité de Descolonización de Naciones Unidas, el organismo que siempre trató el conflicto e instaba al Reino Unido a negociar.
El saldo de los diálogos y rees de estos 8 días es que el proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional está en tensión, porque ahora el bloque oficialista tiene que trabajar a destajo para incorporar las exigencias del gobierno norteamericano y aprobarla antes que termine el período de sesiones ordinarias. Así, el rayo malvinizador quedó muy debilitado. O, mejor dicho, se está convirtiendo en un terrible papelón. Milei se agarró de una frase de Donald Trump para convocar a una cadena nacional, intentó tapar la crisis económica con un disfraz nacionalista y terminó atrapado en una situación de difícil resolución ante una no tan dura advertencia norteamericana. Bastaron una llamada y una visita.
Domingo, 25 de octubre de 2026